El Congo, actual República Democrática del Congo, era por entonces colonia de Bélgica después de un sanguinario pasado en el que fue coto exclusivo por el que desplegó sus excesos el monarca belga Leopoldo II, que ejerció el control de la zona a título personal hasta 1908. En ese año se formalizó la cesión del territorio a la a la nación belga. Y el personaje creado por Hergé fue visto como una excelente oportunidad de intentar vender los beneficios que la ocupación europea tenía en la población local. Así, visto desde nuestra mirada actual, puede resultar repulsivo el tono paternalista que destila el álbum, y eso a pesar de que años después Hergé suavizara algunas de las viñetas más polémicas. Pero, como digo siempre, a la hora de enfrentarse a una obra de arte debemos ser conscientes de su zeitgeist y no caer en el error de juzgarla con los parámetros de nuestro tiempo.
En cualquier caso, es justo reconocer que no es la mejor historia de Tintín, pero sí que es necesaria para comprender la evolución del personaje y del estilo de su autor.

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