"Con el paso de los años también yo aprendí que la lucidez se paga con la desesperanza" Sigo con la relectura de las aventuras del capitán Alatriste, proyecto que comencé para refrescar mi ictiológica memoria antes de leer Misión en París y, en esta ocasión llegamos a El oro del rey , cuarta entrega de la serie. En la novela anterior de la saga dejamos a Alatriste batiéndose el cobre en Flandes, luchando por su rey como si éste lo mereciera y viendo caer a amigos y compañeros en defensa de unos palmos de terreno pantanoso y de un trozo de tela. Ahora su tercio (o lo que queda de él) vuelve con licencia a España, pero pisar de nuevo suelo católico y salirle al paso una nueva misión es todo uno, de nuevo con Francisco de Quevedo como "celestino". Sevilla era en aquellos tiempos una de las ciudades más grandes de Europa. A la sombra de las riquezas que llegaban desde el Nuevo Mundo remontando el Guadalquivir se cobijaban hombres de negocios provenientes de toda Eu...
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