A Ramón J. Sender suelo equipararlo con Vicente Blasco Ibáñez o Pío Baroja , en el sentido de que ninguno de los tres fue un portento técnico pero todos poseían el don innato de saber contar historias. También como el valenciano y el vasco, Sender duerme hoy el sueño de los escritores olvidados, aunque en su caso se me antoja especialmente injusto este olvido, y libros como Réquiem por un campesino español , Viaje a la aldea del crimen o la que nos ocupa hoy, La aventura equinoccial de Lope de Aguirre , mantienen, narrativa y temáticamente en perfecta forma en peno siglo XXI. Era habitual que el autor oscense partiera de hechos históricos concretos, a los que luego añadía en mayor o menor dosis la correspondiente sazón novelesca, para situar sus tramas, y en esta ocasión viaja al siglo XVI, en el que miles de buscavidas fueron a América para tratar de hacer fortuna atraídos por historias como la de Eldorado. En busca de ese legendario lugar partió una expedición que recibió el...
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