El 23 de febrero de 1996 llegaba a las pantallas una película británica dirigida por Danny Boyle y protagonizada por un grupo de actores poco conocidos hasta entonces a nivel internacional. Pronto se convirtió en una película generacional que marcó toda una época. Estoy hablando de Trainspotting , cuyo extraño nombre hace referencia a la afición consistente en ver pasar trenes, a modo de doble metáfora: por un lado a la adicción a la heroína, que utiliza los vasos sanguíneos como raíles por los que circula un tren cuyos vagones son la degradación, la compulsión y el hedonismo. Y por otro lado a la propensión de cierto tipo de personas a quedarse viendo cómo todo se mueve y evoluciona a su alrededor mientras ellos se quedan anclados en el mismo sitio. Alternando momentos cómicos y dramáticos, Trainspotting narra las andanzas de un grupo de jóvenes heroinómanos escoceses en el Edimburgo suburbial de los 90, un periodo en el que las ideas de vivir el presente al máximo, eludiendo tod...
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