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Unamuno: de charcos, traumas y contradicciones

Es muy común que los literatos recurran a su propia historia personal como inspiración a la hora de escribir, pero Miguel de Unamuno (1864-1936) llevó esa máxima a su cota ídem, y son muchas las ocasiones en las que para entender a sus personajes basta con comprenderle a él y a sus circunstancias. ​Nacido en Bilbao en el seno de una familia humilde y numerosa, el pequeño Miguel perdió a su padre con sólo seis años y se crió bajo una férrea educación matriarcal y ultracatólica. Este trauma infantil de la pérdida paterna y la crianza entre mujeres lo volcó directamente en San Manuel Bueno, mártir , novela en la que el protagonista, como él, pierde al padre pronto y recibe una educación matriarcal. Su niñez también la dejó plasmada en Recuerdos de niñez y de mocedad y Paz en la guerra . ​Ya de chaval devoraba libros de románticos y filósofos como historias de tiktok los zagales de hoy, llegando a un misticismo casi extremo. En 1880 se va a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, doctorán...

Vista de Hautlandsbourg (Henri Lebert)

El oro del rey (Arturo Pérez-Reverte)

Trainspotting (Danny Boyle)

El tesoro (Miguel Delibes)

David, vencedor de Goliat (Caravaggio)

Una vida (Guy de Maupassant)

Me basta así

Golondrinas (Ángel Sinpelo)

El Juicio Final (Miguel Ángel)

El insólito preregrinaje de Harlod Fry (Rachel Joyce)

Libertad

Los cigarros del faraón (Hergé)

El carro de la Muerte (Théophile Schuler)

Lecturas de verano, lecturas de invierno

El sol de Breda (Arturo Pérez-Reverte)

Si Benito me dice ven lo dejo todo

Energía física (George Frederic Watts)

Billar a las nueve y media (Heinrich Böll)