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Shiny Happy Friends

Para los jovenzuelos de mi generación Friends fue mucho más que una serie. Fue un fenómenos cultural que aún hoy, veintidós años después de que se cerrara para siempre la puerta del apartamento de Monica, sigue colmando de referencias nuestras conversaciones. En los tiempos actuales de plataformas y maratones seriéfilas es algo difícil de entender, pero en su momento cada capítulo era un acontecimiento que se esperaba con ansia, se paladeaba con el deleite de un gourmet y se comentaba luego una y otra vez con los amigos. Hoy, gracias a esas mismas plataformas, tenemos la posibilidad de reunirnos de nuevo en el Central Perk con toda la pandilla. Ya no es lo mismo, claro. Ni nosotros lo somos ni la sociedad lo es, pero la serie ha envejecido razonablemente bien (lo que dice mucho de la calidad de sus guiones), y volver a escuchar los acordes del I'll Be There For You abre la cápsula del tiempo que permanecía enterrada en mi cabeza. Y, hablando de esa legendaria sintonía de cabecera ...

Novela de ajedrez (Stefan Zweig)

Jael y Sísara (Artemisia Gentileschi)

Wake Me Up When September Ends (Green Day)

Los ases buscan la paz (Arturo Ruiz Castillo)

Cumbres Borrascosas (Emily Brontë)

De analfabetos voluntarios e inteligencia artificial

La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (Ramón J. Sender)

Carlos V en la batalla de Mühlberg (Tiziano)

Las minas del rey Salomón (Henry Rider Haggard)

Ámsterdam

Unamuno: de charcos, traumas y contradicciones

Vista de Hautlandsbourg (Henri Lebert)

El oro del rey (Arturo Pérez-Reverte)

Trainspotting (Danny Boyle)

El tesoro (Miguel Delibes)

David, vencedor de Goliat (Caravaggio)

Una vida (Guy de Maupassant)

Me basta así