Noctámbulos (Edward Hopper)

 

Bar, interior noche. Una mujer pelirroja mira fijamente la caja de cerillas que tienen la mano. A su lado, un hombre con traje azul marino y sombrero gris, fuma pensativo. Los dos están apoyados en la barra. De espaldas a nosotros, otro hombre parece mirarlos, o quizá está reconcentrado en sus propios pensamientos. Vemos la escena a través de la cristalera del bar, desde la calle desierta. El camarero, vestido de blanco, trabaja dentro de la barra.  Por la dirección de su mirada podría estar hablando con el compañero de la mujer. Son los Noctámbulos de Edward Hopper. Todos ellos parecen haber sido arrastrados por la noche a ese mismo lugar, a un mismo espacio, pero sin nada más que los una. No hay manos que se tocan, ni interacción clara entre ellos. Si la pelirroja y el hombre sentado junto a ella son amantes, no parecen tener tampoco nada que decirse. Como restos de un naufragio arrojados a la orilla por la corriente nocturna.

Estamos en 1942. El realismo de Hopper nos enseña la cara B del sueño americano, la que no muestra el cine de Hollywood ni los anuncios de electrodomésticos, sin familias felices desayunando tortitas con sirope. Hopper negó haber pretendido reflejar en la obra el aislamiento de las personas o el sentimiento de vacío en la ciudad, pero admitió que probablemente su inconsciente le había hecho pintar la soledad de una gran ciudad. A fuerza de buscar las localizaciones idóneas, la perspectiva adecuada y los elementos precisos, se convirtió en el pintor del silencio, el pintor de la soledad en la gran ciudad, el de las miradas humanas como agujeros de bala.

Noctámbulos, se convirtió en un icono instantáneo, una viñeta de storyboard mil veces homenajeada y citada. La inspiración para realizar este cuadro le llegó después de leer el relato de Ernest Hemingway Los asesinos, publicado en 1927. Para algunos este texto sienta las bases de la novela negra, y lo cierto es que, años después, también serviría de inspiración a Quentin Tarantino para su Pulp Fiction. Para su localización se inspiró en un establecimiento real, un bar abierto veinticuatro horas que estaba ubicado en una esquina de la Greenwich Avenue de Nueva York, aunque no realizó una transposición literal del mismo, sino una recreación. La mujer pelirroja es Josephine Nivison, la mujer del artista y que era, por sí misma, una estimable pintora a la que dedicaremos una entrada.

Con todos esos elementos, Hopper consiguió una obra inmortal. Viéndola, cabe preguntarse quiénes son esos personajes, cómo han acabado ahí en mitad de la noche, qué piensan, de dónde vienen,... y todo ello da pie a elaborar múltiples suposiciones.

Nighthawks
Edward Hopper
Óleo sobre lienzo
1942
Art Institute (Chicago, USA)


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