Que otros se jacten de las páginas que han escrito;
a mí me enorgullecen las que he leído
Jorge Luis Borges
Hay ocasiones en las que un amante a la lectura (y quiero pensar que nos pasa a todos) se encuentra ante un libro que le expone a un cruel dilema: el de tener entre sus manos una obra que no puede abandonar, cuyas páginas le atrapan como al yonki la heroína y siente la compulsión de devorarlas una tras otra pero, al mismo tiempo, desea sustraerse a ese apremio para demorar lo máximo posible la tragedia de llegar a la última. Pues eso me ha pasado con Clásicos para una vida, de Nuccio Ordine, publicada por Acantilado.
Ordine, tristemente fallecido en 2023, apenas un mes después de recibir el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, fue profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Calabria, además de colaborador con otras muchas instituciones de prestigio en todo el mundo. Escribió un ramillete de libros que, si bien no destacan por su cantidad, lo hacen por su calidad, entre los que recomiendo La utilidad de lo inútil (2013) o Los hombres no son islas (2023).
El germen de Clásicos para una vida, que publicó en 2016 se encuentra, según cuenta el mismo autor, en un experimento que llevó a cabo durante quince años con sus alumnos: dedicaba un día a la semana a leer en clase citas de distintos autores clásicos. Ante su sorpresa, fue comprobando cómo cada semana aumentaba el número de estudiantes que asistían, incluso no matriculados en su asignatura, para escucharlo y participar en el debate que se establecía después. A raíz de esta experiencia, la revista italiana Sette le propuso darle continuidad en forma de columna semanal, y es precisamente una selección de esas columnas lo que encontraremos en este pequeño libro.
Éste se divide en dos partes. En la primera de ellas Ordine reflexiona sobre la importancia de la educación pública, la función de la enseñanza y el papel que debe desempeñar en ella cada uno de sus actores: profesores, alumnos e instituciones. Se muestra, en general, bastante pesimista por la deriva mercantilista que está tomando la sociedad, por la menguante inversión en cultura por parte de los poderes públicos y por la devaluación de la enseñanza, vista hoy en día más como un fin lucrativo que como un medio formativo en el sentido amplio de la palabra.
Siendo esa primera parte muy interesante, no es más que un telonero de lujo para que lo viene después. Porque grandes autores de la literatura, desde Cervantes a Maquiavelo, desde Borges a Plauto, comenzarán a desfilar a través de las citas que selecciona Ordine y a las que acompaña una breve reflexión ad hoc.
Sí es cierto que algunas de las reflexiones, como la que hace a partir de La cena de las Cenizas, de Giordano Bruno rozan el larguero de la tan aborrecible psicología positiva y podrían postularse para taza de Mr. Wonderful, la gran mayoría constituyen una gran enseñanza. El dueto cita-reflexión marida como la cerveza y las croquetas y, sin darnos cuenta, nos inyecta sabiduría en vena.
Resulta difícil quedarse con sólo una de las citas, pero me gustaría destacar aquí la que hace de El mercado de piazza Navona, de Gioachino Belli. En ella, este poeta del siglo XIX, imagina una visita al mercado semanal de esta plaza romana en el que se dan cita vendedores de todo tipo de productos. Entre todos ellos, hay un gremio cuya presencia le molesta: el de los libreros. "¿Para qué están ahí? ¿Qué es lo que aprendes / de tanto libro y tantos anaqueles?", dice el poeta. Ordine medita a propósito sobre la importancia de la cultura para el hombre en particular y para la sociedad en general y sobre cómo, quienes ostentan el poder, pretenden sustraérsela porque "dejar al pueblo en la ignorancia lo hace todo más fácil". Creo que es una columna que resume la esencia general de un libro que desborda sensibilidad, buen gusto y amor por los libros.

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