La puerta azul no sólo guardaba una casa; guardaba tras ella el silencio del verano. Cada mañana, las sombras de los árboles trepaban por la madera, como dedos oscuros, pretendiendo descifrar su cerradura. Buscaban en el aliento fresco de un pasillo en penumbra exiliarse del inhóspito verano mediterráneo.

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