Miguel Strogoff fue publicada en forma de libro en 1876, pero un año antes ya había aparecido por entregas un año antes. Se trata, en mi opinión de la gran novela de aventuras de Julio Verne, poseedora de una fuerza extraordinaria desde el primer momento, a diferencia de lo que solía ser habitual en sus narraciones, en las que la acción normalmente iba creciendo poco a poco y sin estridencias. Otro de sus rasgos diferenciales es que es una novela de línea recta, en la que los personajes deben seguir un itinerario prefijado intentando desviarse lo menos posible.
En concreto, Miguel Strogoff, correo del zar Alejandro II, debe recorrer más de cinco mil kilómetros para entregar al hermano de éste, el Gran Duque, una carta advirtiéndole de la rebelión que se estaba produciendo bajo el liderazgo de Iván Ogareff. Así, asistimos a una carrera contrareloj en la que Strogoff, adoptando la identidad de un inocente comerciante, debe atravesar territorios hostiles con el único objetivo de llegar a Irkutsk antes de que sea demasiado tarde y la ciudad caiga en manos de los rebeldes.
Inicialmente la novela se iba a llamar "El correo del zar de Moscú a Irkutsk", pero su editor Hetzel, consciente de la gran cantidad de suscriptores que tenía en Rusia y temeroso de la censura que pudiera sufrir por parte de las autoridades locales, aconsejó que se cambiara el título. Y eso a pesar de que el propio embajador del Zar en París le aseguró de que no habría inconveniente el mantener el nombre primigenio. Por esos mimos motivos, también se suavizaron las críticas al régimen autocrático del zar Alejandro II y a su padre Nicolás I. El manuscrito fue, además, revisado por el escritor ruso Iván Turguéniev, amigo y consejero de Hetzel, que no pudo más que admirar la magnífica labor de documentación geográfica, histórica y sociológica que realizo Julio Verne.
Miguel Strogoff es una aventura revestida con los magníficos resortes narrativos que hacen de Verne uno de los más grandes cultivadores del género. Si al autor francés siempre se le ha achacado la escasa profundidad psicológica de la que solía dotar a sus personajes, Miguel Strogoff es la excepción a la regla, destacando por su gran riqueza de rasgos con la que nos lo perfila, entre los que sobresale el de la tenacidad.
Una novela, en resumen, atemporal y que pueden disfrutar con el mismo agrado grandes y jóvenes.

Comentarios
Publicar un comentario