Hace ya unos cuantos años que Patria, la novela de un entonces semidesconocido (a pesar de llevar a su espalda una sólida carrera) Fernando Aramburu se convirtió en un fenómeno literario e incluso social en España. Incluso también hace ya un tiempo que fue transformada en serie televisiva, pero yo llevo mi ritmo lector y, a pesar de tenerla en mi biblioteca, no me animé a leerla hasta ahora. Por regla general, no suelen atraerme los bestsellers, no por esnobismo, sino porque pocas son las veces que he sucumbido a uno y he acabado satisfecho con su lectura. Pero ahora puedo decir que Patria es uno de esos extraños casos en los que la calidad literaria se alinea cual conjunción planetaria con el gusto del gran público.
A estas alturas imagino que, sea por el libro, sea por la serie, todos sabrán de qué va la novela, así que no me voy a explayar mucho en su argumento. Para los despistados lo resumiré diciendo que narra la vida del Txato, empresario vasco que comienza a recibir amenazas por no pagar el impuesto revolucionario que le exige ETA, hecho que le llevará a ser asesinado. Para más inri, el principal sospechoso de su ejecución es Joxe Mari, el hijo de su mejor amigo. La viuda del Txato lucha por conocer la verdad. Necesita saber si ese joven al que conoce de toda la vida, es realmente el asesino, no por odio o rencor, sino que se conforma con que éste le pida perdón caso de ser culpable.
Pero más allá de ello, Patria va de una época marcada por el miedo. Aramburu retrata lo difícil que era la vida en los pueblos del País Vasco en los que, por evitar ser señalados por el vecino, gentes que sólo querían trabajar y vivir en paz, tenían que callar y transigir, no tanto por cobardía, sino por mera supervivencia. Pueblos en los que todo el mundo se conocía y en los que el nacionalismo radical se mostraba raudo en señalar a quienes consideraban que no cumplían los preceptos del auténtico euskaldun.
La novela está escrita en un estilo fresco y mezcla con eficacia momentos de gran dureza y otros de plena sensibilidad. Aramburu mantiene una postura aséptica, limitándose a narrar los acontecimientos sin juzgarlos, lo cual me parece un acierto. Lo fácil habría sido demonizar a Joxe Mari, pero el autor nos lo muestra como un personaje con luces y sombras y que, más que un verdugo, no deja de ser también una víctima del ambiente y de su fragilidad intelectual, que hacen de él (como de tantos otros) una marioneta fácilmente manipulable.
Te animo a que leas el libro. La serie es un buen sustitutivo, pues en ella han sabido destilar con acierto la esencia de la novela, pero en ella no se profundiza en algunos detalles y subtramas que le aportan riqueza al conjunto. Aramburu nos recuerda un episodio de nuestra historia por fortuna superado, pero que no conviene olvidar.

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