"Los lugares donde se ha ido los domingos de paseo con los padres... no suelen gustar cuando se es mayor, sólo se vuelve a ellos si se quieren revivir a toda costa los primeros años de melancolía"
En 1972 el escritor alemán Heinrich Böll (1917-1985) es galardonado con el Nobel de literatura por, según la Academia Sueca, "su combinación de una amplia perspectiva sobre su tiempo y una habilidad sensible en la caracterización ha contribuido a la renovación de la literatura alemana". Hasta ese momento, su vida había estado marcada por los acontecimientos que tienen lugar en Alemania a partir de los años 30 del siglo XX y que desembocan en la II Guerra Mundial. Böll, que no comparte las ideas nazis es, sin embargo, reclutado para la Wehrmacht en 1939 y se ve obligado a luchar bajo la cruz gamada hitleriana, lo que provoca, en 1945, su detención por parte del ejército de Estados Unidos y su internamiento en un campo de prisioneros.
Estos hechos afianzaron sus ideas y, hasta su fallecimiento, su compromiso por la paz, su denuncia de los efectos devastadores de los totalitarismos y sus críticas a una Iglesia que se puso de perfil no hicieron más que crecer. No suelo dar mucho la turra con cuestiones históricas o biográficas de los distintos autores que traigo aquí pero, en este caso, creo que es importante hacerlo porque todo lo dicho tiene gran relevancia en la trayectoria literaria de Böll, y de forma muy especial en Billar a las nueve y media, que es el libro del que he venido a hablar hoy.
En esta novela transcurre en un sólo día y, sin embargo, nos hace viajar por el tiempo a lo largo de cuarenta años de historia alemana a través de la familia Fähmel y sus tres generaciones del arquitectos: Heinrich (el padre), que construyó en su juventud la Abadía de Sankt Anton, Robert (su hijo) que la destruyó durante la II Guerra Mundial y Joseph (el nieto) que dirige los trabajos de reconstrucción de la misma una vez acabada la contienda.
No es una lectura fácil. Confieso que tuve que apelar a mi legendaria resistencia a dejar un libro a medias, porque la tentación salía a mi encuentro a la vuelta de cada página. La dificultad estriba tanto en la trama como en la estructura. Respecto a la trama, hay que tener un amplio conocimiento de la historia alemana del siglo XX para comprender la novela en su profundidad. También hay que tener claros dos conceptos que Böll repite a menudo y que, hasta que conseguí intuir a qué se referían, me llevaban "to loco": el sacramento del búfalo y el sacramento del cordero. La gente que comulga con el primero es la que, ya sea por acción o por omisión, aceptan las ideas nazis y la violencia. Quienes comulgan con el segundo, la que se opone y desea la paz. De nada.
Por lo que se refiere a la estructura, son múltiples narradores los que nos cuentan en primera persona, cada uno con su punto de vista y en forma de saltos atrás en el tiempo distintos acontecimientos de su vida. Éstos unas veces enlazan directamente con la trama principal, pero otras tienen la función de dar sazón al contexto histórico, por lo que hay que estar muy atento para no perder el hilo.
Según lo interpreto yo, la abadía en sí es una metáfora de Alemania misma. Su construcción puede simbolizar la emergencia de Alemania a principios del siglo XX, su destrucción el drama que supuso la guerra para el país y su reconstrucción la esperanza en el futuro. Porque al final debo decir que, a pesar de lo complicada que me ha parecido, el esfuerzo se ha visto recompensado por su capacidad para hacernos pensar. Así, su trasfondo antibelicista y su mensaje conciliador (las paginas finales, con padre e hijo compartiendo un trozo de tarta a modo de pipa de la paz dan sentido a todo) pasarán a formar parte de mi bagaje personal para los restos.

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