El de David y Goliat fue un tema recurrente en la obra de Caravaggio. Una de las versiones se conserva en Viena, otra en la Galería Borghese de Roma y la primera, la que se considera más temprana y que es la que traigo aquí, pertenece al Museo del Prado.
Michelangello Merisi llega a Roma en 1592 y, ocho años después, en torno a 1600, sitúan los investigadores Su David, vencedor de Goliat del Prado, obra en la que parecen intuirse los episodios violentos en los que estuvo implicado desde joven el pintor lombardo. Representa en esta escena el momento en el que David ata los cabellos del gigante Goliat para llevar su cabeza cortada ante el pueblo de Israel y demostrarles así que ha acabado con él. No escoge el artista el momento del ataque ni David luce su honda como hicieron otros artistas antes, sino que asistimos al desenlace de la violenta acción y el vencedor, apenas un niño, apoya su rodilla izquierda sobre la espalda del defenestrado Goliat para ayudarse a tensar el nudo que está haciendo. Su pierna derecha adelantada, su espalda y su brazo forman una U invertida que acapara toda la luz, mientras que en el resto de la composición domina la penumbra, sin ninguna referencia espacial, en la que se pierde el cuerpo del gigante.
Caravaggio nos presenta a un David humilde, resuelto pero no triunfal. Su destreza con los pinceles y su habilidad como narrador naturalista le permite ser fiel al texto bíblico, como marcaba el concilio de Trento, y al mismo tiempo ser absolutamente original, como no podía ser de otra manera.
David, vencedor de Goliat
Caravaggio
Hacia 1610
Óleo sobre lienzo
Museo del Prado (Madrid, España)
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