Lo que sucede es que estamos hablando de Miguel Delibes, el autor de Los santos inocentes, El camino, Cinco horas con Mario, Las ratas, La hoja roja, ... Y claro, comparadas con todas ellas, El tesoro parece una obra menor. Pero en ella encontraremos algunas de las claves que han hecho grande a Delibes, como son su dominio del lenguaje, del paisaje y de los tipos agrestes, además de una evidente crítica al abandono de los entornos rurales y la cerrazón, como mecanismo de defensa, de sus gentes. Y todo ello en poco más de cien páginas.
La historia comienza con el descubrimiento de una vasija llena de joyas antiguas en un pequeño pueblo castellano. Ahí se dirige un grupo de arqueólogos para realizar sus investigaciones, pero se encuentran con la oposición de los vecinos del lugar, que se niegan a que vaya nadie de Madrid a saquearlos. Estos vecinos se comportan por momentos como auténticos zombis, y no es casual la comparación pues, como éstos, los aldeanos parecen ser entes carentes de inteligencia, meros autómatas cegados por el rencor hacia los intrusos.
Publicada en 1985, con la Transición aún fresca, Delibes también hace un guiño a la política, tanto a quienes la practican con añoranza de los viejos tiempos como a su difícil integración en el mundo rural, algo que explorarla de nuevo en El disputado voto del señor Cayo.

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