Una vida (Guy de Maupassant)

 

"No hay nada más terrible, cuando se es viejo, que evocar la juventud" 

La sinopsis de la contraportada hacía referencia a que la novela era la historia de una mujer enjaulada por un matrimonio infeliz y las estrictas convenciones sociales, morales y religiosas de la época. Eso unido a la admiración que manifestó siempre Guy de Maupassant por Flaubert me hizo pensar que estaba ante otra Madame Bovary. Pero, por fortuna, me equivoqué. Y digo por fortuna porque no me apetecía verme enredado de nuevo en una historia plagada de personajes aborrecibles ni en la densa prosa flaubertiana. Sí que estamos ante otra joya del naturalismo francés, pero en Una vida nos encontramos con Jeanne, una mujer que, a diferencia de Emma Bovary, es más víctima que culpable, una joven que, presa de su candidez y de sus sueños románticos, acepta un casamiento que acaba siendo un desastre por culpa de la desfachatez de su esposo, un miserable que hace honor a la palabra tanto en su acepción de tacaño como en la de abyecto. 

Tras descubrir una infidelidad del figura intenta abandonarlo, pero interviene el cura del pueblo para decirle que de eso nada. Que son cosas que pasan y que, como mujer abnegada, debe aguantarse, tragar y buscar la felicidad en su vida. Esta felicidad la encuentra al quedarse embarazada y dar a luz un niño que se convierte en el centro del mundo de Jeanne, lo cual tendrá en el futuro nefastas consecuencias. Pero volviendo al cura, ese buen hombre que da consejos tan sabios (nótese la ironía) es trasladado a otra parroquia y su sustituto hace de él un santo varón. Porque el nuevo cura es un fanático iluminado que parece salido de la España inquisitorial del siglo XVII y que hace aún más profunda la sima de infelicidad en la que va cayendo Jeanne. Es precisamente este personaje el protagonista de uno de los pasajes más duros que jamás he leído en mi vida, cuando apalea y pisotea hasta morir a una perra que está pariendo y de cuyo cuerpo destrozado sale, con el último pisotón del hijo de puta, el último cachorro de la camada.

León Tolstoi dijo de Una vida que era la mejor novela francesa después de Los miserables. No me atrevería yo a decir tanto, pero sí que está a la altura de los más grandes exponentes de la literatura francesa del XIX, y eso es mucho decir. Su realismo abruma por momentos por su crudeza y no cae en descripciones interminables, lo cual es de agradecer. Eso unido a la denuncia que subyace en sus páginas al papel que se otorgaba a la mujer en aquella época hace que pueda leerse hoy incluso como una novela feminista y adelantada a su tiempo.

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