Las minas del rey Salomón (Henry Rider Haggard)

 

No descubro que el reguetón es la antimúsica si digo que Las minas del rey Salomón es una de las más grandes novelas de aventuras jamás escrita. Fue el primer éxito editorial del británico Henry Rider Haggard (1856-1925), y en ella nos presenta a Allan Quatermain, un veterano, avezado y un pelín cobarde cazador que se gana la vida por tierras africanas y que protagonizará posteriormente otras novelas del autor.

En la que nos ocupa, conoce al rico aristócrata ingles sir Henry Curtis y su amigo, antiguo capitán de la Marina, Good. Ambos se encuentran en esas latitudes buscando al hermano de sir Henry, que se internó en el continente en busca de las riquezas que, supuestamente, albergaban las legendarias minas del rey Salomón y desapareció. Quatermain, por casualidad, tiene un viejo mapa en el que, de ser correcto, se detalla la posición exacta de las minas, por lo que el aristócrata le propone que se una a ellos en esa expedición. Así, reclutan a un puñado de indígenas, entre los que se encuentra el misterioso Umbopa y emprenden la aventura.

En ella sufren primero los rigores del desierto, con su calor abrasador y su falta de agua, ascienden luego las montañas conocidas como los Pechos de Saba, donde es el frío y la falta de comida lo que está a punto de hacer fracasar la expedición y, por fin, llegan a la selva. Allí parece que, con abundante agua, caza y sombra, sus penalidades han acabado, pero el lugar resulta ser la tierra de los kukuanas una gran tribu de guerreros liderada por el despiadado rey Twala y en la que la hechicera Gagool ejerce el poder en la sombra aprovechándose del miedo supersticioso que ejerce sobre el pueblo. Allí nuestros protagonistas son testigos de las crueldades de uno y otra y se desvela la verdadera identidad de Umbopa, lo que dará lugar a una cruenta guerra civil.

Las minas del rey Salomón es considerada como la novela iniciadora del subgénero literario "mundo perdido", caracterizado por el descubrimiento y la descripción más o menos detallada de una nueva civilización pero, sin ser yo ningún filólogo, discrepo de esa afirmación ya que Los viajes de Gulliver, escrita más de un siglo antes explota, aunque sea desde la sátira, ese campo. Sea como sea y dejando de lado aspectos que hoy en día nos resultarían incómodos (la matanza de animales), ridículos (el exacerbado chauvinismo inglés) o directamente inadmisibles (su racismo latente), se trata de una novela trepidante y de la que han bebido la literatura y el cine en los últimos ciento cincuenta años, que se dice pronto. 

Creo que estamos entre gente adulta y que tiene en cuenta el zeitgeist, el espíritu de su tiempo, a la hora de enfrentarse a una obra artística, y que sabe que el hecho de que diga que me gusta este libro no significa que piense irme a cazar elefantes con el Emérito ni negros con un afiliado texano al KKK. Si no partimos de esa premisa pocas obras pasarían el filtro, la que no por racista por machista, la que no por misógina por homófoba, por antiveganista o por anarcosindicalista. Por eso, animo a que la leáis, con sentido crítico, sí, pero también con predisposición a disfrutarla y a reconectar con vuestro yo adolescente.

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