Unamuno: de charcos, traumas y contradicciones

Es muy común que los literatos recurran a su propia historia personal como inspiración a la hora de escribir, pero Miguel de Unamuno (1864-1936) llevó esa máxima a su cota ídem, y son muchas las ocasiones en las que para entender a sus personajes basta con comprenderle a él y a sus circunstancias.

​Nacido en Bilbao en el seno de una familia humilde y numerosa, el pequeño Miguel perdió a su padre con sólo seis años y se crió bajo una férrea educación matriarcal y ultracatólica. Este trauma infantil de la pérdida paterna y la crianza entre mujeres lo volcó directamente en San Manuel Bueno, mártir, novela en la que el protagonista, como él, pierde al padre pronto y recibe una educación matriarcal. Su niñez también la dejó plasmada en Recuerdos de niñez y de mocedad y Paz en la guerra.

​Ya de chaval devoraba libros de románticos y filósofos como historias de tiktok los zagales de hoy, llegando a un misticismo casi extremo. En 1880 se va a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, doctorándose en 1884. Alejado de su tierra vasca, la experiencia en la capital le supo a destierro, y fue donde sufrió su primera gran crisis de fe.

Retrato de Miguel de Unamuno, Vázquez Díaz, 1920 (Museo de Bellas Artes de Bilbao)
 

​De vuelta a Bilbao, tontea con el socialismo y el positivismo y, tras fracasar en varias oposiciones, obtiene en 1991 la cátedra de griego en la Universidad de Salamanca y se casa con Concha Lizárraga. En 1896 muere uno de sus hijos, lo que le provoca una neurosis cardíaca y una brutal crisis espiritual. Poco después se convierte en rector de la Universidad de Salamanca, pero su vehemencia y ausencia de filtros, que le hacía repartir estopa dialéctica como quien reparte caramelos, provocó que fuera cesado en 1914 por el Ministro de Instrucción Pública Bergamín por sus discrepancias con el gobierno conservador de Eduardo Dato y con el rey Alfonso XIII.

​Esto no amilanó a Unamuno, y sus criticas a la campaña de Marruecos (que desembocó en el Desastre de Annual) y a la dictadura de Primo de Rivera, le valieron el exilio a Fuerteventura, que se prolonga hasta la dimisión del dictador en 1930, recuperando incluso, un año más tarde, su rectorado. Pero la historia de Unamuno es la historia de una contradicción tras otra y, como niño en una tarde de lluvia, iba saltando alegremente de charco en charco.

​Así, en 1934, tras el levantamiento minero de Asturias y la dura respuesta del gobierno, Unamuno se desencanta radicalmente de la República. Esto le lleva a apoyar en un primer momento el golpe de Estado perpetrado en 1936 creyendo que pondría orden en España. Sin embargo, cuando las tropas entran en Salamanca, tiene un legendario altercado público con el general golpista Millán Astray tras el que vuelven a quitarle el rectorado y lo ponen bajo arresto domiciliario. Moriría solo en su casa unos meses después, el 31 de diciembre de 1936. Se apagó así una voz genial en su contradicción, que tuvo en su independencia de pensamiento su principio rector y en sus crisis espirituales material de sobra para elaborar uno de los corpus literarios más extensos de la letras hispanas.


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