Cañas y barro (Vicente Blasco Ibáñez)

 

Aunque ahora parece abocado al olvido, el valenciano Vicente Blasco Ibáñez fue el primer superventas español, todo un fenómeno literario al que se rifaban no sólo las editoriales, sino también los productores de Hollywood. No era un portento de estilo, seamos sinceros, pero compensaba esas carencias con la gran fuerza que otorgaba a sus historias. Prueba de esa fuerza creativa que le invadía la tenemos en que apenas tarde un par de meses en escribir Cañas y barro, que publicó en 1902.

La novela fue, por supuesto, un éxito inmediato. Con ella cierra por todo lo alto su ciclo valenciano, caracterizado por su naturalismo poético y su denuncia social, ya que nos ofrece todo un muestrario de las injusticias y calamidades que soportaban las gentes humildes de su tierra (no muy diferentes, dicho sea de paso, de las padecidas por los desheredados de cualquier parte del mundo). Se trata de una novela emocionante y trágica, marcada por el escenario en el que se desarrolla: la Albufera de Valencia. En este, las gentes tratan de vivir sobreponiéndose al medio que los atrapa y que es, al mismo tiempo, su martirio y su medio de subsistencia. La pesca ha sido la vida para ellos durante años, pero los hijos del lago pugnan por su derecho al progreso, que viene marcado por dos alternativas: el cultivo del arroz o la huida lejos de su tierra. 

La historia se desarrolla en diez capítulos en los que un narrador omnisciente nos pone, en primer lugar, en antecedentes sobre la historia de los personajes y sobre el ambiente en el que se desarrollará la trama. Blasco Ibáñez hace una denuncia de la situación de la Albufera y El Palmar de su época, un lugar insalubre y atrasado en el que el autor estuvo viviendo durante veinte días para conocer de primera mano sus modos de vida, en un momento de intento de cambio hacia la modernidad. Ese intento de cambio provoca el conflicto entre quienes propugnan el respeto a las tradiciones, aunque éstas se traduzcan en un trabajo duro que apenas cubre las necesidades básicas, y los jóvenes que desean algo mejor. 

En ese momento y en ese lugar se desarrolla una doble trama: por un lado, el conflicto generacional personificado por el Tío Paloma (un viejo y respetado pescador de la Albufera), su hijo Tono (que reniega de la pesca y busca prosperar mediante el cultivo del arroz) y su nieto Tonet (joven inadaptado y más bien vividor que acaba buscando fortuna en el ejército de Cuba). Y por otro lado tenemos un triángulo amoroso que tiene en un vértice al mismo Tonet, en otro a Cañamel (rico tabernero local) y en el tercero a Neleta (amor de juventud de Tonet pero que acabó casándose con Cañamel). 

Se trata de una novela dura, no sólo por su trágico desenlace, sino por las condiciones de vida de que somos testigos, y que yo enlazo de forma directa con la que, en mi opinión, es la otra gran novela de Blasco Ibáñez: La barraca.

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