Eclipsada por Jane Eyre de su hermana Charlotte Brontë, no fue hasta el fallecimiento de Emily, acaecido en 1848 (sólo un año después de la publicación de la novela) y, sobre todo, a partir del siglo XX cuando Cumbres Borrascosas comienza a disfrutar de popularidad y a ser valorada e su justa medida. Y hasta tal punto fue acrecentándose su fama que, con el paso del tiempo, ha trascendido sus orígenes literarios en gran parte gracias al cine.
El señor Earnshaw, dueño de la finca Cumbres Borrascosas, lleva un día a casa a Heathcliff, niño abandonado al que acoge y cría como si fuera suyo propio. Este señor tenía dos hijos, Catherine y Hindley, que reciben al recién llegado de formas muy distintas. Si para la niña se convierte en un compañero inseparable, Hidley le convierte en la diana de todo su odio y violencia.
Con el tiempo, la relación entre Hesthcliff y Catherine deriva de la amistad al amor, pero, así, resumiendo mucho, las circunstancias separan a ambos, aquél es expulsado de Cumbres Borrascosas y ésta se casa con el hijo de sus vecinos. Sin embargo, tiempo después Heathcliff regresa rico, poderoso y movido únicamente por un deseo feroz de venganza.
La concepción popular tiende a centrar el eje de la novela en la relación enfermiza entre Catherine y Heathcliff, y es cierto que resulta muy tentador catalogar la obra como una historia de amor, como si su nudo fuera la fuerza de un amor capaz de trascender convencionalismos sociales, morales y hasta la propia muerte. Pero el persistente poder de fascinación que irradia Cumbres Borrascosas va más allá y proviene de la habilidad con la que incorpora elementos de diversos géneros en una mezcolanza cuyo resultado final es homogéneo pese a su diversidad. Así por ejemplo, el placer por los detalles familiares que transmite el realismo del texto rivaliza con el poder transgresor del género fantástico y de terror. Del mismo modo, el romance tiene su contrapeso en la sagaz exploración psicológica que hace la Brontë de sus personajes. En ese crisol se cuecen elementos de terror gótico, folletín y novela romántica, creando una atmósfera terrorífica por momentos y siempre asfixiante que el cine ha sabido reflejar con maestría en las múltiples adaptaciones de que ha sido objeto. De entre todas ellas, recomiendo la dirigida por William Wyler en 1939.

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