Cada persona que lee un poema le pone su propia voz, lo hace suyo en el momento en el que recita, aunque sea para sí mismo lo que alguien escribió hace años. Pero tener la ocasión de escuchar al autor declamando su propia obra es un placer doble al que no siempre se puede acceder. Por ejemplo, en el caso de Miguel Hernández (unos de mis poetas de referencia, dicho sea de paso), sólo existe una grabación con su voz, la que realizó Alejo Carpentier en París en 1937, cuando el poeta oriolano iba camino de Moscú como miembro de la delegación cultural que el legítimo gobierno de la República envió para asistir al V Festival de Teatro Soviético . El poema elegido fue Canción del esposo soldado , poema que dedicó a Josefina Manresa , su mujer, y muy apropiado dadas las circunstancias. Es la única grabación que se conserva en la que podemos escuchar su voz. Si visitas la Casa-Museo de Miguel Hernández en Orihuela puedes oírla en un ambiente que aún le otorga mayor peso pero, gracias a la Bi...
- Obtener enlace
- X
- Correo electrónico
- Otras aplicaciones